miércoles, 10 de junio de 2009

once de junio

En honor a la canción de Vainica Doble.
Un metro cuadrado de tierra es bastante. Un metro cuadrado, con tapia de piedra, todo él rodeado, todo él rodeado. Que la gente sepa que todo eso es mío y nadie se atreva a entrar sin permiso. Y dentro, un manzano o, tal vez, una parra, para refugiarme en su sombra en verano; con la guitarra, pues no cabe un piano. Un metro cuadrado sembrado de hierba, sembrado de hierba. Y en él recostarme, un poco encogido, rozando la piedra. Un libro en las manos, con estampas viejas, y su canto dorado: Cuentos de Calleja. Se escucha el cuclillo oculto en la parra. Un cri-cri acompaña su canto sencillo: son hermano grillo y hermana cigarra. Sobre mi cabeza, se ve el cielo mío, todo el cielo propio; y podré mirarlo sin pedir permiso, sin pedir permiso, con un telescopio. Y bajo mis pies, un metro cuadrado, de mi propia tierra, hasta el fondo adentrado, para que me entierren, para que me entierren bajo la maleza, junto a mi guitarra, de pie o de cabeza.